Mi minimoto para este verano

Este verano quiero hacer algo distinto. Tengo ahorrado algún dinero y quiero comprar una minimoto como estas. Cuando le comenté a mis amigos se burlaron de mí, pero la verdad es que estoy decidido porque las minis me gustan mucho.

Para empezar, son vehículos automotores, aunque los vendan como juguetes (mis amigos me dijeron, burlonamente, que eso era cosa de nenes). Yo quiero divertirme, pero con cuidado, así que tengo pensado comprarme también un casco, así como unos guantes. Claro, unos que me gusten y del mismo color de mi mini. A mí me gusta mucho el rojo, así que intentaré comprar una de esa tonalidad. Aunque el color negro también me agrada. La buena noticia es que hay mucha oferta, así que estoy seguro que encontraré algo que me encandile la vista.

Ya estuve averiguando sobre las posibles marcas que me pueden interesar, por su calidad. Todavía no me decido del todo, pero ya sé que no puedo comprar minis chinas, porque son ilegales. Básicamente son más baratas, pero no tienen los certificados de  seguridad que requieren las minis para utilizarse. Esto significa que vienen con defectos de fábrica. Los más comunes son: aristas cortantes, falta de protección del motor y mala sujeción del depósito de la gasolina. Cualquiera de esos defectos podría costarme un accidente grave, así que prefiero las minis legales.

Planeo, cuando tenga mi mini, utilizarla en una pista cercana a la casa. Otra de las burlas de mis amigos de la escuela es que con una mini me vería muy rarito en la vía pública. Yo les expliqué que las minis son para circuitos deportivos solamente.

Seguramente me multarían de mala manera si un policía me sorprende con mi mini en la calle. Quisiera comprarme una mini con una velocidad máxima de 60 a 70 km/h o más, porque pretendo vivir momentos emocionantes en la pista. Ya estuve sacando cuentas, y tendré que invertir en gasolina cuando vaya a utilizar la mini, porque ese es su combustible. Los depósitos tienen una capacidad de un litro, con el cual puedo recorrer la pista durante un cuarto de hora.

Ya lo tengo todo pensado. Creo que voy por mi minimoto. Ya verán mis amigo mis amigos las fotos en mi Facebook.

Cualquier lectura es buena

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Con la lectura, como con casi todo en la vida, hay siempre malentendidos sobre lo que es aconsejable consumir y lo que no. Y es que el mundo en que vivimos está fuertemente marcado por lo que consumimos, tal como dice un teórico latinoamericano el consumo sirve para pensar.

En todos los espacios de intelectualidad se discute día a día cuáles son las lecturas imprescindibles, qué debe leerse en cada etapa de la vida. En fin, que si nos dejamos llevar por estas reglas mejor no imprimimos más libros nuevos, al final ya todo lo importante está escrito.

Es cierto que leerse a Cervantes es como un imperativo para quienes tengan que ver con el mundo de las letras hispanas. Pero el Quijote tampoco es el principio y el fin del universo.

Muchas personas solo tienen contacto con la lectura a través de los diarios, pero ya eso es algo. Leer, lo que sea, siempre es útil. Lo mínimo que reporta es buena ortografía. Cuando se lee se conocen otras opiniones sobre distintos temas, se recibe información y se divierte uno.

No tiene que ser necesariamente la poesía más sofisticada o la novela más compleja para que le aporte algo al espíritu. Las personas son muy diferentes y la literatura o cualquier otra lectura tienen en ellas distintos efectos.

No todo el mundo sabe apreciar las novelas históricas, por ejemplo, y muchas personas rechazan los libros de autoayuda. Cada quien es un mundo y cada escritor también. Más allá de las tendencias del mercado, lo importante es que estemos leyendo un producto auténtico.

Mientras más sincero sea un escritor más se notará en su trabajo y más sintonizarán los lectores con él.

No se le puede exigir a un adolescente lo mismo que a un adulto. Son públicos distintos con intereses muy diferentes. Lo más importante es lograr que desde niños se fomente un hábito de lectura. Claro que sería muy bueno que un niño lea libros como El Principito y Corazón, dos hermosos libros que dejan bellos recuerdos a quienes repasan sus páginas desde pequeños.

Un libro para “oler”

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No hay mayor fuente de conocimiento que la lectura. Entregarnos a las páginas de un libro, sumergirnos en su historia, en sus personajes, en su riqueza, es simplemente maravilloso. Nada mejor que imaginar nuestros propios escenarios, nuestros propios rostros de personajes, nada como crear nuestro propio universo visual.

Para aquellos que tenemos el hábito de la lectura, un buen libro es como un cielo abierto. Hace poco leí uno que ha sido llevado a la gran pantalla también, o sea, al cine; sin embargo, cuando se comparan ambos: libro y película, el primero va muy por encima de la segunda.

Estoy hablando de El perfume: historia de un asesino, primera novela del escritor alemán Patrick Süskind, publicada en el año 1985 bajo el título original Das Parfüm, die Geschichte eines Mörders, la cual se convirtió en poco tiempo en best-seller y ha sido traducida a más de cuarenta lenguas en todo el mundo.

El libro trata sobre Jean-Baptiste Grenouille, quien tiene su sentido del olfato tan desarrollado que percibe el mundo a través de él. No obstante, Grenouille carece de un olor propio, lo que lo llevará a crear el perfume más maravilloso del mundo a fin de usarlo por el resto de sus días. Sin embrago, los ingredientes para ese maravilloso perfume han de ser obtenidos mediante el asesinato.

Este libro adentra al lector, como lo explican sus propias páginas, en “el evanescente reino de los olores”, y le brinda un universo nuevo, inexplicable, diferente, a través, sobre todo, de las descripciones del mundo interior de Grenouille, palabra que, en francés, significa rana.

En fin, que recomiendo abiertamente la lectura de El perfume: historia de un asesino, y también su película, producción alemana de 2006 dirigida por Tom Tykwer, la cual, a pesar de no ser tan rica como la novela, también es una obra para disfrutar.

Eso sí, no es recomendable ver el filme antes de leer el libro, pues entonces la mitad de la magia se pierde, y realmente lo ideal es leerlo sin saber qué ocurrirá y cuál será el fin de Jean-Baptiste Grenouille, el hombre que lo puede oler todo, menos a él mismo.

La sociología de la literatura

Son muchos los autores que afirman que la literatura es el reflejo de la sociedad, es decir, que cada escritor escribe según su época, sus costumbres y sus hábitos sociales, de manera que en sus obras muestran cómo funciona la sociedad en ese momento.

Existe un método de estudio, que entre otras cosas, analiza estos factores. Se trata de la sociología de la literatura, que evalúa  las obras en clave interpretativa más allá de la configuración lingüística del texto.

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Se debe diferenciar la sociología de la literatura de la sociocrítica, una disciplina surgida dentro de la Nouvelle Critique francesa, que analiza exclusivamente las estructuras textuales y su relación con la sociedad. Mientras que la sociología de la literatura que  estudia también todo el proceso de producción, distribución, reedición y recepción de las obras.

Aunque hay muchas relaciones que se pueden establecer entre literatura y sociedad, las más empleada son dos:

  • Como forma de ilustrar la sociedad empleando el texto literario como un documento de época
  • Construir conclusiones acerca de la obra basadas en las relaciones que presuntamente ocurrieron entre las estructuras literarias y las sociales.

En este sentido, la sociología de la literatura estudia la procedencia y condición social de los autores, así como por sus ideas políticas y sociales como ciudadanos y su grado de integración en el proceso social.

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También, busca información acerca de su clase social, sus fuentes de ingresos, sus actividades de ocio, su papel en instituciones, etc. Todo para elaborar al completo como era la vida del autor en sociedad.

Una de las vertientes de la sociología de la literatura es el marxismo y los estudios literarios quienes buscaban explicar la influencia de las condiciones económicas en la literatura y a señalar cómo debía ayudar en el camino hacia el socialismo.

Uno de sus máximos representantes fue Lukács, un crítico marxista que considera que el novelista no debería renunciar a la totalidad como perspectiva, es decir, que su obra artística sea un  un reflejo del mundo no una muestra de sus conocimientos. Para ello, el escritor debe aspirar a la máxima transparencia y no deformar los objetos sobre los que escribe.

Otro de los más importantes contribuidores a la sociología de la literatura, fue Terry Eagleton, quien propuso estudiar las obras literarias a partir de unos niveles que se relacionan y articulan en un proceso continuo.

De esta manera, se pretende distinguir qué parte de las obras literarias son un reflejo del autor y cuáles de la sociedad.